Una imagen exclusiva o marca, derechos de autor, estructura privada, jerarquía vertical y una política de reducir costos y maximizar ganancias forman, entre otras características, la naturaleza empresarial de cualquier corporación. No esta mal, en toda institución hay una organización coherente para el funcionamiento de esta. No obstante, la diversificación mediática de la iglesia en los medios de comunicación requiere una crítica necesaria a la situación proselitista evangélica en el país y la cierta tipología empresarial que pueda existir en ella.
¿Cuál es el mensaje que proyecta la iglesia evangélica en El Salvador?, ¿cuál es el propósito de exigir vehementemente los diezmos?, ¿por qué hacer absoluta la bendición material como signo del respaldo de Dios?, entre muchos cuestionamientos más. Lo que está en juego no es siempre ganar las almas para Cristo, la pretensión oculta está ligada en sumar adeptos u ofrendadores a la iglesia del pastor. El poder económico ha regido desde la antigüedad las estructuras de las instituciones eclesiales. La llamó así (institución eclesial) porque la iglesia no es la estructura, sino cada miembro que conforma el cuerpo de Cristo. Entonces el discurso doctrinal de los evangélicos se fundamenta en que si eres cristiano obedece al hombre que Dios escogió, él es el profeta, pastor, maestro, evangelista y apóstol, su palabra es la revelación de Dios basada en la hermenéutica de
Inconcientemente es un pago obligatorio por ser cristiano: devuélvele el 10% de tus ganancias a la iglesia, ya que ella es la institución impuesta por Dios para administrar su dinero, una burda manera de obligar a un pueblo a dar lo poco que gana en un país tercermundista. El punto, en este caso, no es cómo manipular el mensaje. En el siglo XXI la importancia radica en las estrategias: antes eran los indultos, las tácticas ahora cambiaron. En nuestra época se fundamenta la teología de la prosperidad, revertir el valor humano de Jesús a un valor monetario y de poder, formar los precursores de este evangelio desviado y difundirlo en la iglesia. Es la estrategia de marketing más desarrollada en las iglesias masivas: la iglesia evangélica de hoy. No obstante, de quiénes son las ideas de estos proyectos ambiciosos, los que están detrás de los discursos llenos de fanatismo religioso son los publicistas, administradores y contadores, asesores directos del pastor. El mensaje ya no es cambiar la vida de las personas, ahora es asustarlos con acontecimientos apocalípticos. Por qué insistir en los dogmas que nos se pueden cambiar, ya se sabe que va a pasar,
Veamos que hace una empresa. Genera ganancias a partir de la contribución de sus clientes. Los consumidores los gana con estrategias publicitarias, y la mejor publicidad es la que genera una reacción. Al tener el conjunto de clientes es necesario mantenerlos y seguir ganando más. Estos pagan por un servicio fabricado por la empresa la cual es mayor que el valor real del producto. La ganancia final es la queda después de los costos de producción y así acumulan lo suficiente para seguir expandiéndose: esto hace la iglesia de hoy.
Genera un mensaje espiritual (estrategia publicitaria) y lo difunde a la iglesia (producto o servicio), este lo acepta o rechaza (reacción). Los que lo aceptan se vuelven hermanos (cliente o consumidores) y diezman a la iglesia (pagan un valor mayor al inicial) por el servicio recibido, así el crecimiento comienza y la prosperidad también. ¿Acaso no funciona así?
¿Fue esta la iglesia que predicó Cristo? No. Jesús fue el pastor más grande de la historia. Se acercó al pueblo no con ansias de ganar diezmos, ni crecer en estructura o ganar protagonismo en la nación israelí. Los pastores de hoy son los empresarios religiosos. A dónde están los pastores que van a las áreas rurales, o sitios peligrosos llenos de pandillas, dónde están los pastores que morían por la causa del reino, que condenaban las injusticias estructurales de los gobiernos y se acercaban en verdad al pueblo. Ellos murieron en vida.
En El Salvador, desde Monseñor Oscar Arnulfo Romero pocos han sido los que se han acercado a los lugares más pobres de El Salvador, que dejen los lujos de la vida por darlos al más necesitado. Si Romero estuviera vivo no reprocharía los caprichos de la iglesia oficial, condenaría la propaganda evangélica con indumentaria celestial. Si Jesús estuviera aquí no construiría templos majestuosos para adornar el poderío institucional religioso. Mi Dios humano fuera a los rincones más pobres del país a liberar a este pueblo de la opresión social, donde la mayoría de evangélicos calienta bancas somos responsables. El verdadero Santo fundaría un equipo capaz de dejar los mejores carros y trajes para hacer caminar y despertar a un pueblo ignorado y excluido por el pecado estructural individualista de nuestra sociedad y arropara a los más desprotegidos del país.
Pastores mediáticos: “si nuestro templo, no fuera más que eso, una casa de recogimiento y evasión, sería también una burla a las miles de familias que sobreviven alrededor nuestro, agonizando en la pobreza de un cinturón de indignidad que contradice la voluntad de Aquel que vino a traernos el Reino de los Cielos, anunciándolo como una realidad actual, una realidad que a diario debemos construir con obras” (Rivas, 2009). Creo que el verdadero Reino debe comenzar en sus corazones -oradores y estrategas de púlpito-, dejar al dios del dinero y llevar la misericordia del verdadero Dios a los pobres. Dejemos de ser empresas don rostro de iglesia y construyamos el Reino de Dios en la tierra.
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